Descanso en Sérifos.

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Tras un frío viaje en barco, atracamos en Sérifos. Observamos nada más llegar una ciudad de puerto pequeña con casas blancas y unas pinceladas de azul a juego con el color del mar en puertas y ventanas. Sin mucho más tiempo para observar nos subimos en una furgoneta con destino a Coralli cámping. La llegada a la instalación fue caótica, una aglomeración de tiendas de campaña hizo difícil encontrar nuestro rinconcito, en lo que parecía una mezcla entre una comuna hippie y un capítulos de Sensación de Vivir.

Sus playas cristalinas, pero muy frías, sin mucha aglomeración de gente, hacen de estos rincones un paraíso. Las casas, edificadas en diferentes niveles, en contraposición a un paisaje árido y montañoso acaban de dibujar la isla de Sérifos.

En la ciudad de Hora, encontramos el museo arqueológico, donde descubrimos que fue Perseo, al traer la cabeza de Medusa, el causante de tanta aridez. Y también la causa que aquí las ranas sean mudas. ¿Del susto?